miércoles, 8 de junio de 2011

Junta Superior de Cataluña

Bueno, le ha llegado su turno. Me resistía a verter porquería sobre la junta, pero es bueno que a los que seguís mis comentarios y mi novela, se os revele la verdad.
No negaré que quien lea su MANIFIESTO, editado expresamente para ofrecer todo tipo de explicaciones sobre su actuación y relación con el marqués de Campoverde y Juan Sénen de Contreras, entre otras justificaciones, creerá que actuó para beneficiar a la población de Tarragona, y lo cierto es que lo revistieron de tal forma que incluso a mí llegaron a convencerme en un principio, pero la verdad es otra.
A los que no lo sabéis, os informo que la junta se encontraba instalada en la plaza de Tarragona, hasta que las vieron realmente magras y salieron por piernas fletando un buque que les llevó con viento fresco fuera del alcance de la cólera de Suchet. Eso sí, dejaron a un par de comisionados para vigilar al marqués, pero como el marqués se encontraba fuera de la ciudad, no corrían peligro. El pretexto de su huida fue buscar un lugar más seguro para los archivos de la junta y los caudales que administraba. En cualquier caso parece obvio, pero si se lee entre lineas se puede averiguar que ya daban la plaza por perdida y lo que hicieron, simple y llanamente fue poner tierra de por medio en lugar de mediar una rendición, algo que la historia quizás no les hubiera perdonado, pero,... ¿Se puede perdonar su cobarde huida?
Según tengo entendido, correspondía a la Junta Superior de Cataluña nombrar al comandante en Jefe de la región, pero no intervinieron para impedir que un traidor ocupara tal posición. Así nos fue luego.
Cuando los ingleses intentaron hacerse con el negocio de la venta de sus manufacturas, se negaron en redondo, ha saber que oscuros negocios tenían ellos que no cedieron a pesar de que estaba en juego la vida de 9000 civiles. El balance de su negativa es sabido,... 6600 almas degolladas.
Pero lo alarmante, lo que me puso los cabellos de punta y me indignó hasta la médula, fue conocer un oficio en el que emplazaba al gobernador militar de Tarragona, Juan Sénen de Contreras, a que abandonara la plaza y salvara a los soldados, dejando a los civiles en manos de un criminal.
Ese oficio llegó cuando Juan Sénen de Contreras, reunido en consejo de guerra el 27 de Junio de 1811, es decir, un día antes del asalto, recibía a los emisarios del francés a fusilazos por no querer hablar de rendición, quizás por saber que él y sus soldados saldrían por la puerta del Roser y dejarían a esas 9000 almas indefensas ante 20000 soldados que tenían la orden de escarmentar a la población.


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