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viernes, 6 de abril de 2012

Tu fotografía, tiene premio.

Si quieres ganar todas las obras editadas en papel de Amando Lacueva, firmadas y dedicadas, solo tienes que enviar una fotografía donde aparezca un ejemplar de La Guerra del Francés -La marca del traidor-, a este correo: alacueva60@hotmail.com.

Colgaremos la fotografía y la que reciba más votos, será la ganadora.

El concurso fotográfico se inicia hoy y acaba el próximo día 23 de l presente mes de abril de 2012, coincidiendo con Sant Jordi, El día del Libro.


Los premios son:

El triángulo vikingo
El Sexto Sol
La Guerra del Francés -La marca del traidor-.
Red final.

Correr la voz, el concurso solo es válido si logramos treinta fotografías.



martes, 13 de marzo de 2012

Concurso de relato: Belmonte, por Mercy Flores.


Belmonte se pasaba el día correteando por las áridas montañas tras su dueño, Lluis un joven muchacho inmerso en una guerra un poco por casualidad y un poco por obligación.
Pero los perros no entienden de batallas, Belmonte ladraba al enemigo simplemente porque eran desconocidos para él, intrusos que intentaban invadir su territorio, ajeno al peligro que corrían su dueño y el mismo si los apresaran.


Esta batalla se alargaba más de lo habitual llevaban una semana escondidos tras las colinas  y Belmonte ya se había acostumbrado al olor del enemigo, ya no ladraba si acercaban a ellos.


El octavo día fue el peor en la vida de Lluís. Al atardecer estaban acorralados, el enemigo no tuvo compasión, bayoneta en mano acabaron con la vida de sus compañeros entre ellos su padre que quedó en el suelo  rajado por la mitad con los intestinos en la mano, pero aún con vida, desangrandose poco a poco y susurrando a Lluís que acabará con su vida. Casi con una pasmosa determinación sacó su cuchillo y se lo clavó a su padre en el corazón. Lo sacó con la misma determinación que lo había clavado dispuesto a cortarse el cuello cuando escuchó el incesante ladrido  de Belmonte, escudriñó el horizonte en busca del can y vio a lo lejos su silueta, corría en la misma dirección en la que marchaba el enemigo.


Sin perder tiempo alguno lo siguió, no permitiría que también acabaran con su fiel amigo.
Lluís siguió el rastro de su perro durante tres largos días tan solo había comido pan duro que quedaba en sus alforjas y abundante agua del río que bordeaba el angosto camino cuando divisó el improvisado campamento de sus enemigos;  cinco hombres, armados, una joven muchacha atada a la pata trasera de un caballo y en una jaula minúscula su apaleado perro lleno de heridas.


Agazapado tras las rocas esperó que llegara la noche y cuando todos dormían plácidamente liberó a la muchacha y a su fiel mascota, en el mayor de los silencios emprendieron la huida pero Belmonte estaba tan contento que soltó un ladrido de alegría despertando al campamento. Lluís cuchillo en mano rajó  la yugular del que aún seguía en el suelo, el perro saltó contra el que tenía más cerca, cayó  y se golpeo el cráneo con una roca y la joven muchacha clavó la bayoneta que estaba cerca de la hoguera a otro de ellos , ya solo quedaban dos y como por milagro divino los hombres cayeron en la hoguera que les calentaba en la noche, el viejo caballo como venganza a los castigos a los que se había visto sometido de una coz  los mandó al infierno.


Ganaron la batalla gracias a un muchacho y su leal can y fueron vitoreados y laureados al llegar a la ciudad que jamás ningún extranjero pudo conquistar.
Fin
Autora: Mercy Flores.

viernes, 20 de enero de 2012

Primer relato recibido para el concurso de relatos.


“El mensaje”, de Uriska



He soñado que tumbada bajo el sol me despertaba en una playa, había un cartel que indicaba Playa del Milagro. Me acercaba con los pies descalzos por la arena fina hacia la orilla, en la parte húmeda los granos fríos se pegaban a la planta del pie, erizándome las sensaciones y provocándome un ligero escalofrío.
Todo se compensa sumergiendo las piernas en la briosa agua, las gotas me salpican algo mas que los muslos, es agradable la sensación: un día de paz y reposo.
Algo brilla en la superficie, por un momento se encoge el estomago con la temida sensación de que sea una medusa. Dan escalofríos estos “bichitos” cuando están cerca, así como te atrapan hipnóticamente al verlos moverse en un estanque.
Alivio al comprobar que no se trata de nada vivo, es verde y vidrioso. Miro a ambos lados de la playa, todo esta vació de veraneantes, las únicas; las gaviotas.
¿Quién se dedicara a tirar los restos del botellón al agua? Veo que hay una papelera cerca de las duchas al lado donde deje mi toalla. Me adentro un poco más en el mar y cojo la botella, esta resbaladiza y la pierdo, me hace gracia el chapoteo que tengo que dar en busca de la basura perdida. Salgo del agua ya mas empapada que otra cosa, agito la cabeza para que el pelo no se quede apelmazado, y voy a tirar mi tesoro al contenedor.
Veo que la botella esta tapada, ¿querrían ver que flotaba y no se hundía? Hay algo dentro, no es resto de bebida, parece un rollo de papel.
Miro otra vez a los lados ¿un mensaje en una botella?
Me siento la protagonista de multitud de historias en la que esta situación se repite.
Al sacar el tapón un ruido de vació inunda la escena, una nube tapa el sol y las gaviotas graznando alzan el vuelo. El rollo de papel parece ensancharse y no sale por mas que lo intento. Decido guardar el descubrimiento en mi bolso de playa. La nube pasa de largo entonces, y mis amigas voladoras regresan con su peculiar sonido. Puedo leer un rato antes de que se levante fresco.
Da pereza irse pero no queda más remedio ¿mañana podré volver? No sé....
Me acerco al coche aparcado cerca del camino de acceso, voy para casa. Mi compañero de piso me da un beso en la mejilla cuando medio sonámbula me acerco a la cocina a por algún objeto que me permita sacar el papel.
Me pregunta
  • ¿Quieres conservar la botella?—
  • No, sólo quiero el papel de dentro, será una trozo en blanco... lo encontré en la playa —
Veo como en una bolsa de plástico mete la botella y le da un ligero golpe contra la encimera de piedra. El cristal se hace añicos.
—Cuidado por si queda algún trozo en el papel.—
Rebusca en la bolsa y con cuidado me da un pergamino enrollado, parece mas grueso de lo que había supuesto. Los restos, con la bolsa, los tira a la basura y se marcha a su habitación comiendo una manzana.
Me quedo en el sofá, con el papel en la mano, temblorosa. Es áspero y rugoso, amarillento. Alguien se ha tomado muchas molestias para que parezca antiguo. Es un único pliego doblado sobre un cilindro de madera para darle forma, y esta escrito.

“” ¿Seguiré siendo capaz, yo Edward Codrington, de prestar el necesario servicio a los asediados para que sigan sobreviviendo?. En Mayo de 1811, soy capitán y estoy a bordo el barco HMS Blake de 74 cañones frente a las costas catalanas. En Tierra acontecen escenas de los más intrépidas, de gran valor por parte de los que resisten, y de una maldad terrible mostrada por los atacantes, estos franceses no dan un respiro y el ruido es ensordecedor. Algunos hombre, acostumbrados y trillados en la batalla tiemblan con el sonido de las explosiones o los derrumbes. Llevamos mercancías vitales, intentamos evacuar a heridos, pero ¿será esto suficiente para que resistan? Y por encima de eso ¿conseguiré obtener el mando militar de estas costas? Dudas en las batallas, a los hombres de bien nos entran dudas. Y espero que a los hombres de mal les caiga un obús encima.... “”

Suena el timbre, me desperezo en mi cama de Madrid, he estado soñando, sí, con una playa. Me levanto, es un amigo que viene a buscarme, mi compañero de piso en el sueño, tenemos preparado irnos a Tarragona un grupo, me he quedado dormida. Le abro pidiéndole disculpas porque tengan que esperarme. Me ducho rápidamente mientras él baja a avisar al resto, hay tiempo para tomar un café al lado de mi casa. Cuando me reúno con ellos en el coche les cuento mi sueño, me resulta extraño acordare de tantos detalles, mi amigo se parte de la risa y me dice que si he estado buscando en red información de donde vamos
—No, ¿por qué?—
—Vamos cerca de Playa del Milagro, y el Comodoro Codrington es un personaje histórico, ¡existió!, esta documentado y efectivamente capitaneo la Blake—
Hasta que no llegamos a Tarragona no puedo dejar de darle vueltas, entro en una librería y pregunte por algo sobre el Comodoro Codrington. Llevo en mi bolso “La guerra del Francés”, de Amando Lacueva, presiento que será un trepidante lectura.

Bibliografía:

“Historia del levantamiento, guerra y revolución de España 1835”, Vol. 4 , de Toreno, José María Queipo de Llano Ruiz de Saravía, conde de, 1786-1843


martes, 10 de enero de 2012

Nuevo concurso de Relato corto


Queridos amigos, reconozco que me gusta regalar ejemplares, es como entregar una pequeña parte de uno mismo a los demás. Por eso, vamos a realizar un nuevo concurso, y en esta ocasión, daremos tiempo suficiente para que, si hay suerte, tengamos una respuesta masiva.
Os presento las bases del concurso: 

Primero: Puede participar cualquier persona que haya leído o no la obra.
Segundo: El relato debe versar sobre uno de los personajes de la novela.
Tercero: No puede tener más de cuatro páginas en Word, formato Time New Roman, 12.
Cuarto: El concurso se inicia hoy, y finalizará el 23 de Abril de 2012, coincidiendo con el Día del Libro.
Quinto: Solo es válido para residentes en la Península y las Islas Baleares y Canarias, incluyendo Ceuta y Melilla.
Sexto: Se pide un mínimo de 20 participantes para poder optar a los premios, de lo contrario será declarado desierto.
Séptimo: Un participante puede aportar un máximo de tres relatos.
Octavo: No hay más reglas.
Noveno: El relato ganador será el que tenga mayor numero de comentarios.
Décimo: El premio es un lote completo de mis obras publicadas, consistente en un ejemplar de El Sexto Sol, El triángulo vikingo, Red Final y por supuesto, La Guerra del Francés. Los ejemplares irán firmados y dedicados al ganador del concurso.


Interesados en participar, enviar relatos a: alacueva60@hotmail.com poniendo en el asunto: CONCURSO RELATO.




viernes, 6 de enero de 2012

Resultado concurso de relatos.

He de reconocer que esperaba una respuesta mayor, pero también he de reconocer que los dos relatos que me han llegado me han llenado de satisfacción. Quizás durante este año y con más tiempo por delante, el nuevo concurso que proyecto obtenga una mayor respuesta.
Los relatos han sido colgados aquí y en la página de FB donde han recibido los votos de los lectores. Así que solo basta acercaros para conocer a la ganadora, en este caso, ha resultado ganadora, por voluntad popular, Miren, por su relato: Visión en Rojo.

Tanto a Miren como a Gusa, mil gracias por vuestra participación.

Mirén, envíame un correo a: alacueva60@hotmail.com indicándome tu dirección postal. En breve recibirás tres ejemplares de mis otras novelas. El lote consiste en:

Un ejemplar de mi última obra: RED FINAL
Un ejemplar de EL SEXTO SOL
Un ejemplar de EL TRIANGULO VIKINGO

Espero y deseo que disfrutes con mis novelas.

Feliz 2012.













miércoles, 28 de diciembre de 2011

Concurso de relato


La Guarra del Francés, por GusapirA

Imbéciles.

Tanta cabritera, recullons y tantos huevos. Tanto espichar gabachos y los tenemos dentro, todos sabemos quiénes son, donde viven y a qué se dedican. El impresor no es trigo limpio, lo saben desde las putas hasta la Junta (no hay mucha diferencia entre ambos oficios) y nadie hace nada. "A ver si delata a su enlace" ¿Qué enlace ni que puñetas? Espichando al Ixart el enlace movería ficha y lo veríamos todos, retrasados mentales. Salvo los que estáis tan ciegos que necesitáis pensar que estáis salvando a la patria y al rey. ¿A qué rey, tontos del haba?

Qué listos os creéis, sin embargo, con vuestras maquinaciones y chorradas, con vuestras incursiones nocturnas cabritera en mano matando muchachos (no, gabachos no, muchachos) que no saben ni por cual lado se agarra la bayoneta y dejando dentro de casa viva a la culebra.

Ese Mingo, payés inculto, que despreció mis servicios de campo a su mando por ser mujer y bonita sin tener en cuenta que manejo como quien mejor de los hombres cualquier hoja cortante que en mi mano pese poco para que la pueda levantar. Ese Xavier que tampoco tuvo a bien acoger mi ayuda y me instó a unirme a las demás mujeres que prestan auxilio a los heridos y menesterosos. Estúpidos. Ahí se pierda la guerra si se rechaza usar un arma poderosa que se ofrece sin cargo ninguno solo porque le falta el rabo, tal cual si la boina no cumpliera su función de abrigo a falta de tan ridículo adorno.

Pero eso lo arregla la menda. Rápidamente, además. Qué fácil es reconocer un afrancesado. Se creen tan ilustrados y cultos, tan refinados y superiores que no les vale aliviarse en el arrabal con los servicios de una fulana cualquiera. Les gustan con clase, con la que creen que tienen ellos, qué menos. Huyen de las tabernas y tugurios, de la suciedad y la quincalla. Pero tienen bragueta y no tiene mucha ciencia ponérsela gorda ni al hombre más ilustrado.

Comienzo el ritual por los tirabuzones, rubios a la sazón del sol de la masía, que formo con rulos y tenazas por más de una hora hasta que quedan al gusto del más refinado galán. La moda marca además un empolvado de nácar para el rostro y cuanta piel sea visible del busto bajo el corpiño bien prieto, lustroso, fino, de hilo y perfumado en lavanda. Con este aspecto que de muerta pudiera parecer para alguien en su sano juicio, quien pica es quien ansia probar las tendencias punteras que solo pueden venir de fuera de nuestras fronteras. No falla. Si hasta usan el francés en el cortejo como si yo lo fuera o entendiera sus torpes palabras de halago, que no me interesan.

Lo que me interesa es que su galantería los delate y su insensatez los condene para mayor ironía con la hoja de un estilete francés. El de mi marido, en manos de su viuda. El de el único francés que quiso alertar a esta plaza de cuanto sobre ella se cierne y protegerla de su destino cierto. Por ello fue ajusticiado sin juicio ni defensa por sus compatriotas, que creía amigos, y que consideraron traición tener por compañera una mujer española.

Para mi condena añadida al dolor de mi desgracia, llevo la marca del traidor en el muslo, al lado del estilete con el que ya he degollado media docena de cuellos y partido otros tantos corazones, y no en sentido figurado. Solo me detendrá sentir satisfecha la ofensa infligida al mío o alguien más rápido que yo manejando el engaño y la daga. Solo me detendrá quien me descubra y están muy ocupados con sus juegos de estrategia y sus cosas de hombres.

Sé quienes sois. Sé donde vivís, qué coméis, con quién os revolcáis. Sé a quién le guardáis ley y aprecio. Sé con quién parlamentáis y que entregaréis Tarragona. Y también sé otra cosa: que lo pagaréis caro, uno a uno, españoles y franceses. Dios perdone el alma cuando llegue si a ello alcanza su infinita misericordia. Yo no voy a dejar pasar la oportunidad de enviarle a cuanto traidor se me cruce con el juicio nublado por una cabellera rubia perfumada.

En esta tierra, o en cualquier otra, vecina o lejana. En esta vida o en la otra si una no basta.





martes, 20 de diciembre de 2011

Concurso de relatos.


VISIÓN EN ROJO


Autora: Miren.

Ramón Llobet caminaba por el Figón de la Viuda, un lugar céntrico de la ciudad alta de Tarragona. A esas horas tempranas de la mañana todo estaba desierto, demasiado desolado para tratarse de una jornada normal. El hombre, con pasos cortos y rápidos, se dirigía a su negocio situado en la calle Mercería. Su ciudad ya no era la misma, aunque este hombre se preciaba de su estudiada sangre fría, no podía menos que sentir un escalofrío al notar ese vacío a su alrededor, un vacío tenso, expectante; el preludio de que algo presentía iba a suceder en las próximas horas, pero si le hubiesen preguntado no hubiese, podido ni sabido, dar una razón concreta.

No, no es que este hombre de mediana edad tuviese poderes extrasensoriales, pero su lógica, ayudada por algunas noticias que llegaban a su conocimiento le hacía pensar que algo iba a suceder. Aquel asedio al que se veían sometidos desde hacía tiempo por parte de los franceses no podía durar toda la vida; de una forma u otra la balanza, mas pronto o más tarde, se tendría que inclinar a un lado; y esa situación le tenía un tanto nervioso desde hacía días. Echó un vistazo a las calles colindantes y el estremecimiento le llegó hasta la médula espinal recorriendo toda su espalda, desde el inicio donde esta pierde su casto nombre, hasta la nuca. De repente había visto todas esas calles teñidas de sangre, paró un segundo y se restregó los ojos con fuerza, al abrirlos aquel panorama fantasmagórico había desaparecido.

Aun tratando de recuperar la calma y respirando profundamente, no pudo evitar que aquella visión en rojo le hiciese apretar más el paso. El sastre no era un hombre de grandes convicciones morales; él jamás había presumido de patriota, ni idealista. Ramón sólo entendía de telas, cortes, tijeras, hilos y aguja, era un auténtico maestro en la confección; pero de lo que más entendía y lo que más le importaba en la vida, era el dinero.
Llobet había sido bueno aprendiendo el oficio, pero había sido mejor desarrollando su habilidad para granjearse la confianza de los que tenía a su alrededor. No sabía muy bien por qué, pero la gente era propensa a contarle sus secretos, no sabía si era para desahogarse con una persona discreta que parecía estar atenta sólo a su trabajo, o es que en realidad ejercía una extraña influencia con la gente. Era como si hubiera sido dotado con un extraño don que hacía que las lenguas de los demás se soltasen en su presencia. Si bien al principio aquellas cosillas que le contaban sus clientes, desde amistades indeseables, hasta vicios más o menos grandes; pasando por infidelidades conyugales, le traían al fresco; pronto vio otra posibilidad, el comercio de secretos. Aquello le podía reportar pingües beneficios extras, y era tan fácil como estar siempre con el oído alerta y prestar atención a todo lo que sus clientes le comentaban, bien a él directamente; o a los amigos con quienes se encontraban en su taller. El secreto estaba en hacerse el despistado, él siempre parecía estar atento a su trabajo, pero nunca dejaba pasar por alto aquellas conversaciones que, a simple vista, aparentaban no interesarle. Nunca se sabía quién y qué podría pagar alguien por aquellas confidencias. Su lema era vivir para él y para engordar su fortuna y sus intereses, sin importarle el resto del mundo; él era comerciante, a eso se había dedicado desde su más tierna juventud, que más daba vender trajes o vender revelaciones, todo era negocio; una simple transacción, un intercambio comercial de intereses.

El que fuera un sastre de prestigio era la fachada perfecta, y aquellos tiempos convulsos habían incentivado su negocio de trastienda; por allí pasaba lo más granado de la sociedad tarraconense, no hacía ascos a nadie, por su taller habían desfilado desde los aliados ingleses, a los invasores franceses; pasando por algún representante de las cortes. Y Llobet ponía buena cara a todos, sin importarle ni su nacionalidad, ni sus ideas, ni siquiera su catadura moral. Todos eran bien recibidos y agasajados. El sastre era completamente neutral, cuando sus vecinos se sorprendían de aquella situación, él optaba por cruzarse de brazos y darles una liviana explicación: “Simplemente son negocios, ellos quieren ropa y yo se la doy, nada más importa, yo no tengo que mirar quienes son, simplemente que su dinero sea bueno. Son clientes que pagan religiosamente por mis servicios. Yo vivo de eso, señores; no puedo hundir mi negocio por cosas tan pusilánimes como la nacionalidad o la ideología”

Pero aquella mañana se notaba extraño y con una rara agitación, todo estaba en silencio, no se había cruzado con nadie; algo rarísimo, porque a aquella hora era fácil encontrarse a algunas mujeres camino de sus trabajos o del mercado u a otros hombres de camino a sus respectivos quehaceres.

Cuando entraba por la calle de la Mercería, se cruzó con una sombra embozada. Llobet, que parecía irse acostumbrando a su paseo solitario, no se esperó aquel encontronazo tan repentino y se sobresaltó, ¿alguien embozado de aquella manera en pleno junio? Eso no era normal, aunque era temprano y la brisa marina cargaba el ambiente de humedad, la temperatura no invitaba a ir tan cubierto. La sombra abrió un resquicio en su raída capa y el sastre esbozó de inmediato una sonrisa al reconocer en la forma amorfa a Antoni, uno de los muchachuelos que le servía de espía y de recadero.
— ¡Carall, Tonet!! Que susto me diste, bien está que cuando te mando a alguno de mis asuntos andes encubierto y prevenido, pero cuando vienes a verme a mí, intenta que te reconozca a primera vista y no seas tan sigiloso; no soy ya tan joven para que mi corazón soporte estas espantadas. ¡Diablo de muchacho! Están los tiempos para pocas bromas y menos para que te quedes sin amo…

El hombre enmudeció de repente al contemplar el rostro demudado del chico. Tonet era un golfillo callejero, un gorrión silvestre habituado, prácticamente desde que nació, a ver de todo, a enfrentarse con la cruda realidad de las calles y los tugurios del puerto. No era fácil asustarle, por eso, la palidez de su rostro y sus ojos desencajados despertaron los temores del sastre.
— ¿Qué te pasa muchacho? Pareciera que has visto al mismísimo Belcebú. Dime que ocurre.
— Amo, tenéis que andar con ojo, esta mañana, antes del alba un tipo se ha cruzado conmigo en el puerto. Os juro que en mi vida le había visto, y os juro mi señor si así hubiese sido no le habría olvidado. Ese rostro parecía la máscara de un penado del Purgatorio y su voz seca, hundida y cavernosa me terminó de erizar el cabello; aunque sólo tuve oportunidad de escucharles unas pocas palabras. Me apremió para que no demorase ni un ápice en entregaros esta nota, me dijo que de ello dependía mi vida… y la vuestra. Os juro señor, que en mi vida he pasado tanto miedo, ese tipo lúgubre y tenebroso me pareció una criatura de ultratumba. ¡Vive Dios! Que volví a ver de nuevo las imágenes fantasmales de aquellas almas en pena que yo imaginaba, en mi, ya casi olvidada infancia, cada vez que fray Pere nos daba el sermón dominical en la puerta de la Basílica de Santa María del Miracle antes de repartir la sopa boba entre los que acudíamos a regocijarnos con un plato caliente.
— Pero a ti no te ha asustado sólo el aspecto de ese hombre ¿verdad, pillastre? Hay algo más, tú has leído la nota ¿Me equivoco? ¡Malandrín del demonio, en que hora te enseñé a leer! Me has salido más listo de lo que esperaba.
El hombre arrancó la nota arrugada de las manos temblorosas del muchacho. Llobet creía al jovenzuelo cuando le decía que aquel hombre era un desconocido. No en vano el jovenzuelo era despierto, inteligente, conocía a todos los habitantes y visitantes de la ciudad y era muy difícil que se le escapara una cara.
Lo que leyó le dejó el rostro lívido, desde la raíz del pelo hasta el pequeño pedazo de cuello que dejaba ver las solapas de su levita, su piel mostraba una palidez casi mortal.
Unas líneas en una caligrafía que no reconocía le alertaban de algo que, en cierta forma ya veía venir. Entre las confidencias que le llegaban en los últimos tiempos no todas eran secretos de alcoba, o algunas trapisondas mercantiles; últimamente también le llegaban noticias sobre política, el ambiente estaba caldeado y no era ajeno a que su red de confidentes y espías andaban excitados.

Aun así, lo que leyó le alteró profundamente, aquellas letras sinuosas comentaban algo de soslayo sobre una traición; de manera críptica casi utilizando una jerga más parecida a un código secreto que a un mensaje normal, aquel desconocido le avisaba de que las puertas iban a ser abiertas, que, en breve, las murallas darían paso al enemigo. Todo a medias, sin datos claros dejando muchas dudas en el aire. Pero lo que más desató su pánico fueron lo últimos renglones, y los más evidentes de todo aquel misterioso mensaje: “Cuidado señor Llobet, vigilad vuestras espaldas y sobre todo vuestro tesoro, esos pliegos confidenciales que habéis ido atesorando desde hace tiempo. Ponedlos a salvo, de su seguridad también depende la vuestra, la de vuestra familia y la de vuestra red de informadores. ¡CUIDADO!”

Aquella advertencia le heló la circulación sanguínea. Sospechaba que alguien podía conocer su secreto, aquellos malditos ingleses. La última conversación con el comodoro Codrington con sus breves y vagas insinuaciones, le había hecho recelar y dudar de que estos ignorasen la existencia de aquellos papeles. Pero que alguien completamente desconocido lo supiese y le alertase era, cuanto menos, inquietante. El hombre dio unas monedas a Tonet recomendándole encarecidamente que no se hiciese visible durante unos días, que se ocultase de miradas indiscretas y sobre todo que no se pusiese en comunicación con él, salvo que tuviese algo que comunicarle de extrema gravedad. Efectivamente aquello era muy serio y sus vidas corrían peligro.

El sastre recorrió los escasos veinte metros que le separaban de su taller en un vuelo, antes de penetrar en el interior lanzó una mirada a su alrededor. Nada, sólo un vacío turbador le rodeaba; ni un soplo de aire, la brisa que hacía sólo unos minutos golpeaba su rostro había cesado de pronto; esa quietud era insoportable. ¿Una puerta abierta? ¿Muros que darían paso al enemigo? Eso sólo podía significar una cosa y para asegurarse, tendría que volver a leer aquellos legajos que había elaborado durante meses… algo se le había escapado y tenía que dar con ello antes de esconderlos en lugar seguro.

Ramón Llobet volvió a mirar al exterior antes de penetrar en el, todavía, oscuro local; una nausea le subió por la garganta cuando, incomprensiblemente, volvió a ver los adoquines de la calle manchados de sangre.

martes, 23 de agosto de 2011

Concurso de relato corto


El relato versará sobre uno de los personajes de la novela, el que cada uno desee escoger. No será más largo de tres páginas escritas en word con letra Time Roman 14.

Los relatos deben remitirse a la dirección de correo: alacueva60@hotmail.com poniendo en el asunto "Relato la Guerra del Francés".
Se puede participar con seudónimo.
El certamen se inicia en el día de hoy y finalizará el próximo 6 de Enero 2012. 
Los relatos serán publicados en la página y ganará quien tenga más comentarios y votos de los propios lectores.
El premio consistirá en un lote de todas las obras del autor, firmadas y dedicadas al ganador.

Espero que os animéis y me lleguen muchos relatos: Podéis escoger como indicaba, cualquier personaje, uno o varios. En fin, se abre el telón.

jueves, 19 de mayo de 2011

Concurso de reseñas sobre la novela La Guerra del Francés -La marca del traidor-


Se inicia el concurso de reseñas sobre la novela de Amando Lacueva "La Guerra del Francés -La marca del traidor-
Las bases son sencillas:
Los que deseen participar tendrán que enviar una reseña en formato word a la siguiente dirección de correo electrónico: alacueva60@hotmail.com

El plazo se inicia hoy, y como tenemos el verano por medio, podréis enviarlas hasta el próximo día 30 de Septiembre.

El 15 de Octubre serán proclamados los premiados.

Las reseñas se colgarán en el blog de la novela por orden de recepción: http://tarragonalaguerradelfrances.blogspot.com/

Serán los propios visitantes del blog quienes valoren y puntuen las reseñas, de esa forma se hará de forma transparente. 
Los votantes pueden votar más de una reseña, pero el sistema impide que se vote la misma reseña en más de una ocasión.

Pueden participar todas las personas que vivan en España, entendido como la península, Baleares y Canarias.

Y ahora lo importante: Habrá tres premios.

El primero: Recibirá una dotación económica de 150€
El segundo: Un lote de todas las obras publicadas por el autor (El triángulo vikingo, El Sexto Sol y La Guerra del Francés)
El tercer premio recibirá un lote de 2 ejemplares por determinar los títulos.


Vídeo presentación